
Cruzaron sus vidas
en avenida Rossinier.
Aline con la bravura
de la juventud.
Alex era un
príncipe de cuentos,
sin la varita de las hadas.
Ambos chocaron,
ella sobrepasada de angustias
él traicionado por su bastón blanco.
Fragancias entreveradas,
corazones galopantes
eclosionaron,
una voraginosa sensualidad.
Aprisionaron sus cuerpos
Abrazos ilimitados,
deseos sin tabúes.
Fuego a primera vista
en aquella tarde
otoñal, las hojas
marrones con tintes amarillentos
acariciaron sus cuerpos.
Aline y Alex
confinaron reglas
para reverenciar
una futura senda de buenaventura.
© Kellypocharaquel.-