
Desafiantes y clásicos
esparciendo locura
con sus cabelleras
girando al compás del viento.
Amarse era su rutina,
respetaban su horario
y padecían un calvario.
Sentenciados a
momentos de pasión
sin posteridad.
Cada encuentro
un signo de interrogación.
La tarde convertida en
pétalos de rosas multicolores
iguales al lecho de éxtasis.
El ventanal de hierro
madera y vitraux
cubierto de ligustro
así de sombrío
igual a los amantes
de la calle Senirt 49.
© Kellypocharaquel.-